lunes, 12 de diciembre de 2016

El pobre bolívar fuerte . Por Irma Gómez Párraga.

El  bolívar, (así en minúsculas), nuestra moneda, lleva su nombre en  honor a nuestro Libertador Simón Bolívar, hombre respetado y querido por sus hazañas liberadoras de cinco naciones. 
A partir de 2008, por una reconversión monetaria pasó a conocerse como bolívar fuerte, aunque la verdad verdadera fue que perdió fortaleza, es decir se devaluó.
Así vemos, como pasan los días y prácticamente debemos llevar marusas  de billetes para comprar lo que queramos. Pareciera un acto de magia macabra  la  desaparición de  los billetes.  A título meramente ilustrativo, hoy vas a adquirir un kilo de café (si lo consigues)  y te cuesta 8.000, y vas mañana y cuesta 10.000 y vas pasado mañana y está en 12.000.   Y empieza un calvario de búsqueda de los insumos y también de los billetes…
El bolívar,  con el cual cada día podemos adquirir menos, el mismo que lleva su nombre en honor al Libertador,  cuya cara veo en esos papeles y su nombre  usado en nuestra moneda y me da  una verdadera pena, siento que  nos burlamos de la majestad  de ese prócer de la independencia, de esta gesta gloriosa que lo hizo acreedor de la admiración  de muchos pueblos. Y nosotros, los venezolanos, cometemos el exabrupto de   mantener  su nombre en una moneda que es un bochorno. Y es que el bolívar no vale nada, el billete  de 100 impreso para  2008, año de la reconversión monetaria,  ha perdido un 99% de su valor,  actualmente literalmente vale un bolívar. Con el agravante que en su emisión le cuesta al Estado Venezolano, un ojo de la cara.  Entre 150 a 200 bolívares, es decir, un monto mayor al valor que refleja el papel. Es una incongruencia que  ese papel moneda cuesta más hacerlo que lo que vale.  Y me pregunto y les pregunto, se justifica que le hagamos semejante afrenta a nuestro Libertador Simón Bolívar, manteniendo su nombre para identificar nuestra moneda? Sinceramente no lo creo.
Además, lo peor es que galopantemente esta situación se empeora,   vemos que con cada aumento de salarios se nos hace más difícil poder adquirir los alimentos de la cesta básica y lo que necesitamos para subsistir, se devalúa  la moneda y nos devaluamos nosotros. Pérdida del poder adquisitivo, inflación, desabastecimiento, y controles y más controles.  Y se nos hace prácticamente increíble, que seamos un país petrolero y que riquísimo.
Una locura, nuestro billete de mayor denominación es el de menor poder adquisitivo del mundo.  Nuestra moneda, disque fuerte, sigue en caída libre y con ella nuestra capacidad de vivir decentemente.
Y prácticamente sin pensarlo 2 veces… la medida del siglo, a recoger los billetes marrones de 100, disque por mil motivos que a todas luces lucen descabellados y a los que se les ve la costura.
La alocución de ayer, una bravuconada amenazante para aquellos que comercializan en la frontera con el billete. Y ahí les pongo al coco, perdón a las FAN para ver con una lupa quien va a pretender traer los billetes. Zamuros cuidando carne. Ya circulan audios que refieren la especie que el cambio para el retorno cuesta, para hoy, 4 por 10. Es decir que, si pretendes  regresar 10  tienes que dejar 4 en el cedazo. Todo se convierte en un negocio turbio y detestable.
Y nos agarran, literalmente  con los calzones en la mano, con una espada de Damocles pendiendo sobre nuestras cabezas, un tiempo perentorio de 72 horas para canjear los billetes de 100 por  monedas que ni existen en físico, sólo en fotografías. Y por si fuese poco y para colmo atravesado un lunes bancario lo que hace que el martes 13 cargue con su lapidaria maldición de siempre. Ya veo a la gente madrugando con sus marusas de marrones para el canje. Y los ladrones a 2 por locha haciendo su agosto en diciembre.  
El asunto no es la medida como tal, que a decir del propio economista José Guerra, existe la necesidad de actualizar el cono monetario que circula en el país desde el 2008. Considerando que deberían emitirse billetes de 500, 1.000, 2.000 y 5.000 bolívares; mientras que, los de 10.000 y 20.000 bolívares “deberían aparecer” para el primer trimestre del próximo año. Incluso manifestó que si los emitían  en la actualidad sería “mucho mejor porque tendrían mayor durabilidad”. Y  que esto permitiría reducir “la faja de billetes” que se debe poseer para realizar transacciones, su costo de producción, además simplificaría la emisión de dinero en cajeros automáticos.
El caso es que en este huracán de contradicciones, está Bolívar,  no el billete, sino  ese hombre cuya sangre se derramó para liberarnos, y cuyo nombre con orgullo emblemático colocamos a la que otrora fuese una moneda sólida, sufriendo los embates de esta  espasmódica forma de llevar la economía.
Con sinceridad y sin que me quede nada por dentro, opino que,  por respeto al Libertador deberíamos cambiar el nombre de la moneda.
    






2 comentarios:

100T... La Radio! dijo...

¡Ciertamente, mi estimada amiga!
Nuestra moneda no merece llevar el apellido de tan insigne hombre. Este régimen no solo devaluó la moneda, sino la calidad de vida de quienes vivimos en este hermoso país.
Saludos.

Nelson E dijo...

Excelente articulo Irma DtB